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Archive for 30 enero 2006

Eso somos

 

 

 

Pedacitos de papel amarillo,

con versos construidos

en un tiempo cualquiera

de ensoñación perfecta,

así es tu mundo y el mío.

 

Pedacitos de papeles viejos,

con versos deslucidos

para quiénes no conocen

de las quimeras nuestras,

así es tu mundo y el mío.

 

Pedacitos de rimas,

pedacitos de amor,

pedacitos de vida,

momentos de los dos.

 

Marina
 
 
 
 

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Escribir me consuela

 
 
Me permito presentar este poema, hermosas palabras que resumen la motivación de un escritor para llevar sus sentimientos al papel.

 

 

 

ESCRIBIR ME CONSUELA

Escribir  a mí me consuela,
me trae recuerdos que no cuento,
me desahoga de mis miedos,
aquello que está aún en silencio.

Escribir para mí es una terapia
y la sangre circula más fluida,
me relaja plasmar en un papel
lo que forma parte de mi vida.

Escribir si la furia te corroe,
y si el enemigo me acorrala,
busco la soledad para alejarla
y la quietud que desea esta alma.

Yo escribo ante esa adversidad
y de amores que me marcaron,
esos que no existieron nunca
pero que sí los he soñado.

No todo lo que se escribe es verdad
a veces es sueño o quimera,
que habita acá en el corazón,
en los pensamientos de cualquiera.

Cuando escribo lo que siento
y releo lo que he escrito,
mi mente hasta se libera
sintiéndome un poco más tranquilo.

Escribir a mí me consuela
hacerlo ya sea en verso o prosa,
quizás las experiencias vividas
puedan servir a otras personas.

Si es para bien me alegro mucho
si veo a la gente muy contenta,
escribir es parte de mi vida
es un afán que me consuela.

Ignacio Alcántara

España 

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Nuestros silencios

 
 

Nuestros silencios, sólo son eso

nunca pienses que son olvidos,

las palabras pasan en sigilo

y de puntillas callan.

 

Un murmullo quizás, un soplo,

pero olvidarte sería un desafío

sería perderme sin sentido

en una soledad inmensa.

 

Romper esta  quietud, un sueño,

pero de ilusión es este andar mío,

nada tengo, más este verso sombrío

será poema cuando vuelvas.

 

Marina

 

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Estás aún en mi

 

Cae la lluvia y lava la ventana,

frescas y dulces gotas de agua,

¿Porqué mis lágrimas salobres por ti

no alcanzan a lavar mi alma?

 

Marina

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Humillación

 

 

No conozco hoy más que un amor duro,

que rasga día a día mis sentidos,

que deja el amargo son del desvarío

haciéndome olvidar hasta mi orgullo.

 

No recibo ahora más que estas migajas,

vaciadas de sobrantes y de antojos,

restregadas así para anular mi enojo

volviéndome pordiosera de tus ansias.

 

¡Ay de aquélla!.. que fuera libre hoja

en una tarde de otoño humedecida

sin mendigar caricias.

 

¡Ay de aquélla!.. que hoy sus ataduras

la humillan en la espera cotidiana

que se acabe la vida.

 

Marina

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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CUANDO NOS ENAMORAMOS

 

 Todo el mundo alguna vez en su vida se enamora y cuando ello pasa, hay quiénes, tanto hombres como mujeres, lo toman como una cosa más de la vida sin demasiada importancia, en cambio otros con mucha pasión.

 En cierta ocasión, un amigo me dijo muy risueño que tenía novia.  Cuando me lo comentó no lo podía creer porque nunca lo había visto con nadie del sexo opuesto en plan amoroso.  Cierto día lo vi con una humilde señorita de la mano, no de frente sino de espaldas, por tanto no pude ver la cara de ella como era mi deseo.  Él me decía que era muy guapa, a lo que yo le contestaba que no la había visto bien, por lo tanto no podía darle mi opinión sobre ella.

 Hasta que cierta mañana, al pasar él y yo por la calle dónde trabajaba la chica, miró hacia arriba y ella estaba asomada por casualidad a la ventana del piso dónde limpiaba, sacudiendo una alfombra.  Ella no advirtió nuestra presencia, solamente hacía su trabajo, más él no tardó en indicarme con el dedo:

          ¡Mira, ésa es!.. la que está con la alfombra en la mano.

         -Pero… ¿dónde?…no la veo… ¿qué piso? – preguntaba yo con ganas de conocerla.

         El tercero de la derecha. ¿La ves ahora? –  me decía sin dejar de mirar arriba.

         ¿La ves ahora?…es morena. – dijo señalando con un dedo de la mano derecha.

         Sí ya la veo.. ¿esa es tu novia?, –  pregunté con incredulidad.

         ¿A que es guapa?. – dijo sin dejar de mirar hacia ella.

         Sí, si que lo es. – respondí muy convencido, a  la vez que la miraba igual que él.

 

En ese preciso instante él le hacía señales y daba pequeños saltitos tratando de llamar su atención y yo le decía:

         Sí que es guapa de verdad, vaya que acierto has tenido.

 

Él no dejaba de mirar procurando así que ella mirase hacia abajo y se diera cuenta de su presencia, pero estaba muy embelesada en su tarea doméstica.  Hasta que por fin, después de silbidos, voces y gritos, se percató de su presencia y de la mía.  Él no dejaba de repetir una y otra vez con insistencia:

         ¿La ves bien ahora? …¿a que es guapa?

         Sí, sí que es guapa.  – repetía igual que él –  ¡bastante guapa! –  afirmaba.

Ella cuando notó que no cesaba de mirar y de hacer tonterías por llamar su atención, esbozó una simple y abierta sonrisa y se entró.

Él siguió repitiendo:

         ¿Es guapa mi novia verdad?

Yo le decía que así era, le seguía la corriente dándole la razón. Su novia en verdad era guapa.  Cada día que pasábamos por la calle miraba hacia arriba y sin bajar la cabeza daba saltitos, gritos, voces para llamar la atención.  Esto a ella le hacía gracia y sonreía sin maldad.  Yo llegué a un momento en que ya no le hacía caso pues sabía que ella era guapa y no creía necesario repetir una y otra vez ¡qué guapa es mi novia!; con decirlo unas veces bastaba.  Así estuvo unos días, haciéndole carantoña, repitiendo una vez y otra la misma frase:

         ¿A que es mi novia guapa?

Por lo tanto, él que se enamora no lo nota… pero se vuelve idiota (casi siempre)

 

Ignacio Alcántara- Jaén- España.   

  

 

 

 

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Agonía

 

 

 

 

 

 

Esta agonía infatigable,

que me cuestiona el paso,

que me acorrala el alma

y que aturde, o a veces hierve

a borbotones la sangre;

envuelve mis soledades,

las hace más silenciosas,

volviéndome prisionera

de anhelar volver un día

a soñarme en tu pupila,

más he de morir en la espera.

 

Esta agonía se queda

y se ha pegado a mi piel;

fundidos amor y angustia

al nombrarte sin respuesta.

 

Marina

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