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Archive for 29 septiembre 2009

El distanciamiento cada vez mayor
entre los seres humanos es un hecho innegable. El vertiginoso desarrollo
especialmente concebido por la tecnología hace cada vez menos posible el “cara
a cara” entre las personas.  No es
necesario ya acudir a efectuar alguna diligencia y enfrentarse a otro para
analizar alguna cosa en particular.  Hoy
día todo ya se hace a través de una línea telefónica o de internet y son
grabaciones las que responden y dan las indicaciones para solucionar o agravar
más el asunto.  Cuando se tiene la
oportunidad de ser atendido por una persona de carne y hueso, incluso ya ésta
se encuentra automatizada pues sólo se atiene a lo que debe hacer ya que su
tiempo es escaso; por tanto no hay espacio para establecer una conversación
informal y amistosa. 

Ante esta fría realidad se puede decir
que las caricias están pasando de moda. Sí, así es. Y cuando digo caricias no
sólo me refiero a la demostración de cariño a través de un roce con la mano,
sino a toda demostración que implique un halago o agasajo. Una sonrisa, una
mirada cómplice, una palabra dulce, un sutil piropo, un saludo con cordialidad,
el regalar unos minutos al otro.  Esas
cosas sencillas que son capaces de entibiar un momento álgido del día o de la
vida y que hoy cuesta tanto encontrar. 

Por lo general consideramos que no es
necesario expresar nuestros sentimientos de cordialidad, de cariño, de amor;
que son cuestiones ya fuera de contexto o que son intuidas por la otra persona;
por tanto no es necesario hacer alarde de ellas manifestándolas.  

¡Craso error! Acaso las plantas no
necesitan agua para mantenerse con vida, los animales no necesitan un mínimo de
atención a sus escasas necesidades, la tierra en sí no necesita la atención y
disposición de todos para sustentarse  en
el tiempo y espacio.  Entonces,
imagínense cuán importante es para un espíritu recibir la prodigiosa sensación
de una caricia que aunque sea en su más mínima expresión conlleva un destello
de vida para alumbrar otra vida.

Busca dentro de ti esas caricias que
no has regalado, desempólvalas y obséquialas, sin esperar nada a cambio.  Si por azar del destino te quedara alguna al
fin del día, me alegrará que fuera para mí.

 

Marina Flores Rozas

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