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Archive for 18 noviembre 2011

Ilusiones y copas.

 

En el regocijo de una noche festiva,

 de ésas que licencian al alma y destierran congojas

 la mesura se asfixia entre locuacidades y el desenfreno danza como las mariposas,

 me asilé en la complicidad de una copa de vino

 que alardeó su gustillo solaz endulzando mi boca.

El choque del cristal enmudecía entre mordaces bromas

 que  alborozados elogiábamos todos,

 reviviendo otras  inventivas férvidas al correr de las horas.

En la mezcolanza de incesante humareda y trajines confusos

 te encontré de improviso.  Se sacudió mi entraña

 y mi garganta empuñando un ahogo cercenó  mis palabras. 

 Martilló mis oídos un sonido violento y a mis pies el abismo

 se abrió como la vez aquella cuando di  mi primer beso.

 ¿Cuántos años de ausencia? ¿Acaso ya importaba?

 En mi cabeza un fiero torbellino desordenaba ideas

 avivaba cenizas locamente, brutal,  desalmado

 arrojó   los recuerdos al ruedo del ahora, pródigo, sin reparo

 más que esa noche misma de excesos y  de juerga.

¿La fiesta? Retrocedió su bullicio unos pasos

 pero mi corazón no supo de  edictos ni mesura y estalló

 imprudente.  Se  incendió cuan hoguera mi rostro sorprendido. 

 Allí estabas.  Cerré mis ojos y aspiré el aire espeso de fantasmas.

Alguien deslizó un abrazo sobre mis hombros y volví la mirada.

 Unas palabras desmañadas y un aliento penetrante  de algún licor bribón

 mi templanza repuso.   Sonreí, algo dije, no sé

 y al buscarte no estabas.

El delirio apañó mis antojos. Los desgarró de mi alma.

 Y realidad te hizo unos breves segundos.  Sí sé… alucinaba.

 El  gustillo villano de varias copas de aquel  cárdeno vino de cepa bien nacida

 en esa noche alegre abusó  de mi seso

 y delató que aún te amaba.

 Marina Flores Rozas

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